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¿Ir a vivir al campo, o un poquito de campo en tu casa?

Sé que todos en algún punto de nuestras vidas hemos querido ponerle freno por un rato del bus de nuestra vida que a veces se pone demasiado acelerada, en esos momentos averiguamos cómo podríamos vivir en el campo, cotizamos finca, miramos que en la tienda más cercana vendan todo lo que necesitamos y hasta hacemos un curso flash de autosostenbilidad. En ese momento entendemos que irse al campo no es tarea fácil, y nos conformamos con nuestra vida citadina, ¿pero por qué no tener un punto intermedio, en el que tengamos un poco de campo en nuestra casa?

 

Sí, estoy hablando del compost.


Compost es una palabra que aterra a algunos, inmediatamente piensan en malos olores y moscos invadiendo la casa como la cuarta plaga de Egipto. Los que ya no lo han experimentado saben que esto no pasa, y si salen moscos o huele a mal es porque hiciste algo terriblemente mal. El compost para nosotros es magia, como cuando revelåbamos fotos análogas y de pronto las imágenes se mostraban claras y encantadoras. Es una forma de justicia infinita: lo que recibes lo das, por ciclos interminables: siempre recibiendo, siempre dando.

Pensémoslo así (considerando unas condiciones perfectas): compraste (o mejor si lo cogiste de un árbol), un banano. Tu cuerpo lo necesitaba, tu estómago pedía a rugidos ese potasio. Lo pelaste, lo comiste con un gusto indescriptible (ese suave gusto dulce que sólo la naturaleza te da). El hambre se desapareció por un rato, todos los beneficios nutritivos fueron distribuidos por los diferentes órganos en tu cuerpo para perpetuar tu existencia. Un rato después esta materia fue digerida por el inteligentísimo diseño de nuestro cuerpo, y (ya no tan románticamente) fue expulsado. Si usaras un baño seco, este material sería utilizado eficientemente para ser fertilizante, y en algunos casos, dar gas propano para cocinar. La cáscara residual fue arrojada en tierra fértil (o mejor, en una biodigestora), se combinó con los residuos orgánicos de otras oportunidades alimenticias, y conformó, con el trabajo de bacterias, oxígeno, y otros materiales de vida unos cuantos kilos de compost, ese compost que huele a tierra húmeda y fértil fue utilizado para abonar un arbolito de bananos, y los frutos nacieron nutritivos gracias a la buena calidad del compost que fue utilizado.


Bueno, no todos podemos irnos a vivir al campo, algunos escapamos de vez en cuando para respirar aire limpio, y oler esta tierra fresca a nuestro alrededor. Algunos hacemos eso y además compostamos en casa, así: sin miedo y sin moscas. 


Cada quien se da sus descansos a su manera, y pensando en esos escapes me acordé de mi querido amigo Juanma, ese valiente que trabajaba en mi misma industria, pero él sí se fue al campo a cosechar su papita, y ahora vive feliz. Viene a veces a tomarse unas cervezas con sus viejos amigos, pero en general su vida está allá… en esos amaneceres con frío y el pleno canto de las aves, en esos atardeceres color naranja furia, en los que es tanta la calma que uno podría perderse por siempre en esa hamaca junto a los amigos perrunos, que no se estresan por no poder salir cuando quieren, sólo ladran para proteger a sus dueños de las anomalidades del plano físico. 


A Juanma lo conocí porque me encantaba lo que hacía y lo seguía en instagram, un día vi que estaba organizando un taller de cómo hacer compost y jardines verticales. Me apunté con mi papá, que también es amante de esos temas. A su linda finca en La Calera fuimos, sus perritos nos recibieron con mucho amor, él, con una gran sonrisa de frente. Nos ensuciamos, formamos capas y capas de material seco, cal, material orgánico, estiércol, y no nos dio asco. Nos prepararon almuerzo vegetariano de la huerta, hablamos de autosostenibilidad, anhelándolo para nosotros mismos, como envidiando su forma de vivir. La pasamos divino ese día… y al siguiente día volvimos a la gris ciudad… pero no volvimos siendo los mismos. Llegamos con esa mente revuelta y con ganas de cambiar lo que veníamos haciendo. En ese momento empezamos a compostar, primero yo con mi novio en casa, con 3 vasijas de barro una encima de la otra. Cortar los residuos chiquiticos era la parte que a nadie le gustaba, pero se hacía. Revolver el material orgánico con acerrín diariamente era mi parte favorita… me sentía como meditando. A las semanas, si éramos juiciosos teníamos nuestros kilos de compost y se los pusimos a las plantas de la casa (yo soy la loca de las plantas, entonces tengo como 30), lo que sobró se lo regalamos a la novia de mi papá (la siempre sonriente Constanza) para que nutriera en su finca de Sesquilé algunos cultivos de mora, maíz y curuba que tiene. Ahora, mi papá tiene en su terraza una compostera pequeña, como vive solo se le llena lento, pero es juicioso y va en el camino, lo importante es que la bola se corrió, antes era Juanma compostando, y a partir de eso quién sabe cuánta gente más lo hace. 


Ahora es nuestro turno, y por eso venimos a contar nuestra historia, y por supuesto la de Juanma. Atentos, pues:




Andrea: ¿Qué te motivó a dejar la ciudad y reemplazarla por el campo?

Juanma: Me motivó el gusto y amor por el campo y la naturaleza que desarrollé desde que era niño, yo nací y me crié en La calera, aunque tuve una vida citadina hice la universidad y el colegio en la ciudad, trabajé 10 años en el medio de la publicidad, sin embargo mis papás siempre tuvieron este espacio, y en este terreno es en el que tuve la oportunidad de emprender este estilo de vida actual y cambiar mi vida por una rural, de enfoque agrícola y sostenible. Por otro lado un llamado de consciencia, siempre me gustó la naturaleza y debía ser coherente con ese sentir y la forma de hacerlo era vivir en el campo de una forma diferente, en ese proceso conocí la permacultura y la agricultura orgánica, y me metí mucho en este mundo haciendo cursos talleres, capacitaciones, actividades, encuentros, etc. 

Poner en práctica en mi espacio un diseño regenerativo para proteger mi espacio de forma ecológica y tener un estilo de vida que genere el menor impacto posible es una de las cosas más importantes para mi.



Andrea: Cuéntanos un poco acerca de cultivar y cosechar tu propio alimento.

Juanma: Cultivar mi propio alimento para mi significa varias cosas: por un lado es un acto de autosuficiencia y rebeldía porque estás dejando de hacer lo que el sistema quiere que hagas, que es consumir. Por otro lado es un acto político, porque es una forma de hacer las cosas diferente, forma de hacer una revolución personal silenciosa, basado en ser lo más autosuficiente que puedas: no necesitar de esas herramientas que hacen estar dependiendo del comercio y del sistema cíclico de consumo y producción convencionales, sino intentar zafar un poquito ese piñón de la rueda y empezar a hacer lo que desde hace miles de años el ser humano hacía, que era consumir su propio alimento. Eso significa saber cómo lo cultivas, qué estás comiendo y tener esa certeza de que es orgánico y realmente saludable.




Andrea: ¿Qué significa este cambio en tu vida para ti?

Juanma: Yo siento que es un llamado personal, tiene que ver con mi proceso evolutivo.



Andrea: ¿Cómo es un día habitual para ti?

Juanma: Me levanto a las 6 de la mañana como casi todo el mundo, a pesar de que tengo una labor rural no me levanto como un campesino tradicional, que es a las 430 en la madrugada, me hago mi desayuno, y por lo general empleo la mañana para trabajo de campo: salir a las huertas, adecuación, limpieza, siembra, riego, preparar caldos, biofertilizantes, hacer compost. Yo soy publicista director de arte, me retiré del medio (que lo terminé detestando, honestamente), pero yo digo ejerciendo como diseñador independiente escogiendo proyectos más acordes a mi, especialmente en desarrollos de marca, entonces en la tarde trabajo en eso. Los fines de semana los uso para hacer actividades conscientes varias para que gente de la ciudad y alrededores puedan venir a capacitarse en ciertos temas que tienen que ver con este estilo de vida, como agricultura orgánica, alimentación consciente meditación, prácticas con el desarrollo humano espiritual. Me asocio con gente de la movida a los que les sirve el espacio. Estoy activo todo el día pero vivo muy tranquilo, no tengo un horario establecido, yo mismo me pongo mis tiempos pero si tengo que tener una disciplina si quiero que mis alimentos crezcan.



Andrea: ¿Cómo compostas actualmente?

Juanma: He aprendido distintas formas de compostaje durante 3 años que llevo como agricultor regenerativo: la primera es el compost tradicional de pila: es materia orgánica en descomposición: capas de materia viva, fresca (verde) y muerta, seca o en descomposición (café). Eso implica utilizar hojas del jardín, corte de césped, tierra, estiércol (que es fundamental por el tema de microorganismos), lo enriquezco con ceniza y cal (para los minerales) y más agua, para que funcione tiene que ser mínimo de 1 metro por un metro, el otro compostaje es el bocachi ó bokashi, es un abono cocido-fermentado de origen japonés que potencializa el mundo microbiótico a través de la fermentación de la materia orgánica en descomposición, enriquecido con arenas de rocas y minerales, se obtiene al final un abono orgánico de muy buena calidad. Se hace una gran pila calentada a casi 80 grados centígrados, le doy vuelta diariamente para que no se inocule y se mueran los microorganismos benéficos. También hago hummus de lombriz roja californiana en unas lombricomposteras para que se coman la materia orgánica en descomposición y la transformen en hummus tanto sólido como líquido. Hago otros biopreparados como caldos minerales, purines de plantas, etc.


Andrea: ¿Cuáles son los consejos para las primeras personas que están empezando a dar estos primeros pasos hacia la autosostenibilidad?

Juanma: El consejo que les puedo dar es hacerlo por pasos, no recomiendo renunciar e inmediatamente si tiene el espacio irse a vivir y cultivar como loco o comprarse un terreno sin tener idea de aspectos básicos del trabajo en el campo, mi recomendación es capacitarse, hacer cursos y talleres, asistir a mingas, encuentros, actividades donde puedan aprender cosas de autosostenibilidad, permacultura, plantas, herbolaria, agricultura regenerativa, ir poniendo en práctica lo aprendido y al tener buenos resultados aprender más hasta tener la confianza para tener un huerto que funcione productivamente y manejar los recursos del entorno.




Tal vez algún día haremos lo que él hizo en nuestra finquita en Suesca, Lola corriendo libremente por las lindas rocas de este pueblo (si no ha ido a Suesca ya tiene plan para este fin de semana), Andrea recolectando fresitas para su smoothie de fresas, spirulina, arándanos, papaya, linaza y hierba de trigo, como es costumbre, y Ash consiguiendo madera para la fogata nocturna, porque anunciaron noches frías en las que arruncharse es obligatorio, pero con el fuego cerca porque el pan artesanal que se hornea en el horno de barro se quema, porque Andrea siempre quema todo.



Si quieres conocer los proyectos de Juanma, visita su instagram personal @juan_permacultura y para ver los productos que saca en su finca visita el instagram de su marca @organicos_el_sol

Si te gustaría empezar a compostar, en nuestra tienda tenemos una compostera, y si tu sueño de vivir en el campo es como el nuestro déjanos un comentario!!!


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